Hace mucho tiempo, guardaba con mucho recelo una estropeada
y vieja caja, donde allí se ocultaban las sensaciones más oscuras que un día vi
y viví, es por ello que solía tener la precaución que jamás nadie la abriera y que permaneciera en absoluto misterio. Más un día, fueron mis propias manos las
autoras del crimen, y ante la figura de esa mujer imponente pero buena a la
vez, decidí abrir la caja sin reparo, de
allí salió mucha oscuridad, y en segundo ya estábamos todos cubiertos de su
velo negro y desolador, desde ese entonces jamás vi a la mujer, que tantas
contrariedades causaba en mi.
Y sólo, me basto ser compañero de la oscuridad, me senté en
una banca, estropeada como mi latir, decidí esperar el regreso de la mujer,
mande cartas y suspiros, pero nada causo efecto.
Tomé nuevamente aquella caja, y le ordene a la oscuridad que
volviera de donde jamás debió salir, no
fue tarea sencilla, hasta que un día lo conseguí, volví a mirar lo que en mi
alrededor habitaba, jamás agradecí tanto el rayito de sol por las mañanas...
todo se tornaba diferente con el paso de los días, sin embargo, continúe
sentado en aquella banca, esperando que un día la mujer de los ojos tristes, se
acercará a mí y poder darle la invitación que tanto anhelaba, y que tan sólo decía
" Permíteme guardar tu orgullo
que tanto peso te provoca en un lugar seguro,
y así tus ojos volverán a danzar sin escenario oscuro"