A medida que el tiempo transcurría velozmente, mi sombra comenzó a ser el miedo… y no vi mejor salida que ser prisionera de mi racionalidad… comencé hacer aquello que no implicará riesgo, a optar aquellas normas que no se encuentran por escrito, pero que son transmitidas desde que nos levantamos, el reclamo cotidiano era parte de mi atuendo y el mejor panorama del día era fantasear con lo diferente.
Un día más, en que
todo mantenía bajo control, me miraste con tus ojos guardadores de luz y me
invitaste a jugar contigo… al comienzo sólo acepte para que te quedaras
tranquila un rato, y poder continuar con lo mío, pero lo que para mí era una simple
simulación de juego… se volvió un
despertar, un reencuentro con lo que un día renegué… hasta había olvidado lo mucho que me podía
divertir con cosas tan simples e irracionales, y junto a tu manito cálida y
delicada… fui experimentando cosas ya
olvidadas, tales como a reírme sin pudor, a mirar las instancias no como un
deber, sino como un querer… comencé a decir lo que no me parecía sin querer
convencer al otro e incluso llegue a olvidar lo que un día mamá quiso para mí.
Aún por las
mañanas los noticieros me informan de lo que debo hacer y todos los días
transito por las calles agitadas, pero
está vez he cambiado mi atuendo, procuro
hacer aquello que me gusta, y la mejor parte del día es compartir con aquellos que su atuendo favorito es el amor.
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