lunes, 15 de marzo de 2010

Una noche

Hace un tiempo creí que mis días me querían hacer una mala pasada en que jugaban a ser todos iguales, y donde dejaban fuera lo sorprendente y lo nuevo… hasta que una noche todo eso cambio, fue una simple invitación la que fue como un pasaje a una nueva situación, donde hasta mi cuerpo se dispuso a estar más vivo, y como nunca vi en perfectas condiciones aquella noche, mi estómago quiso hacerme sentir diferente, mi memoria codificaba todo lo que él decía o hacia, cada movimiento, su reír y hasta su mirar. Todo indicaba que esa noche no era igual al resto. Y efectivamente así fue, aquel hombre prudente, inteligente, observador, cordial, varonil, de sonrisa gentil y simpático, me traslado a otro lugar, el cual no conocía, del que siempre huí… aquel sitio era misterioso, no sabía si era ahí donde quería estar, es más ni siquiera sabía quien era aquel hombre, ya que cada vez que estaba frente a mí se ponía un antifaz, pero aún así el miedo no estaba en mí, trascurrieron los días donde habían noches en que no dormía por el frío que ahí hacia ,pues, así en cambio habían noches en que tenía más suerte y aquel hombre iba y me abrigaba con una manta y me decía que todo iba a estar bien… que esa situación pronto cambiaría, y yo algo desconcierta le creía porque mi cuerpo no se resistía ante él.
Una mañana abruptamente me despertó, me dijo que era el momento de marchar que ese lugar ya no era el indicado para nosotros, perpleja lo miré, pues ya no sabía si continuar aquel andar, pero mis piernas por una extraña razón no siguieron instrucciones del gobernador y dieron marcha. Me tomó de la mano y camino junto a mí, a ratos me miraba y sólo sonreía… yo inquieta le preguntaba donde íbamos y que estaba algo cansada, sólo me decía que valdría la pena. Luego de un largo y agotador día llegamos al lugar tan esperado, era precioso, mucha vegetación, un riachuelo con aguas cristalinas, donde los peces nos bailaban con su nadar, mis ojos parecía que iluminaban más que el mismo sol… no lo podía creer, él tenía razón todo lo pasado valía la pena, él se acercó me abrazó como si fuese el último abrazo, y luego se saca su antifaz, al mirarlo con su rostro descubierto, nuestros ojos quedaron hipnotizados, en él veía tanta dulzura aquel momento, me dijo en el oído que aún nos quedaba mucho por hacer, retrocedí ya que mi boca se disponía a preguntar todas las interrogantes que invadían mi mente, pero no me dejo pronunciar ni una sola palabra y me besó, en ese instante el tiempo quiso ser generoso con los dos porque dejo su andar… y lo transformo en eterno, con ese beso comprendí que ese hombre nunca fue un desconocido es más muchas veces lo esperé, lo soñé y anhelé y ahí estaba frente a mí… y desde ese momento ahora los días juegan a ser diferentes, se sumo la alegría, lo sorprendente y el amor.