
Como cada día domingo, esperaba compartir contigo aquellos momentos que atesoraba con dulzura, y bastaba con verte para que mis ojos se iluminarán como dos faroles. Y al hablar de tí, la certeza se convertía en mi amiga, ya que, estaba convencida que tú eras el mejor, a pesar que mamá no decía lo mismo, pero a la larga, nada de eso importaba porque me sintía la niña más afortunada por tenerte… siempre quise crecer, para retribuirte cada hermoso gesto que hiciste, y a pesar de mi corta edad estaba segura que estarías en todo momento conmigo, porque me lo habías prometido … pero las cosas cambiaron, y no volví a saber de ti… ya no habían domingos especiales, y los faroles habían dejado de brillar, y la certeza ahora sólo se burlaba de mí… si tan sólo me hubieras avisado, para tomar mi botella y guardar allí cada hermoso momento, y así hubiese acudido a ellos, en mis domingos tristes y nublados, han pasado los años y busco en el ayer lo que no encuentro hoy… si tan sólo hubiese tenido esa botella para acudir a ella cuando quiera. Y he quedado sin ti ni con el recuerdo de lo que fui…