Siempre escuche infinitas historias de amor y dolor, cada una de ellas muy ajena a mi realidad, ya que me consideraba un hombre muy compuesto… hasta que conocí a esa misteriosa mujer, que de ella nada sabía, pero sin embargo todo anhelaba… era una mujer mágica casi de otro planeta. Después de mucho insistir, conseguí estar con ella, era yo el hombre más afortunado del planeta, tenía mi mayor tesoro… Ella.
Por otra parte, el tiempo silencioso iba avanzando rápidamente pero con él, cargaba historias, imágenes y un amor infinito… Sí, yo era feliz… con su dulzura y mirada, dibujaba nuestro futuro. Para mí era la última mujer en mi vida, y hasta olvide la compostura y la locura fue mi nuevo gobernador, por ella era capaz de todo... y el tiempo continuaba en su marcha ingrata, hasta que ella ya no miraba como antes, poco a poco mi cuento mágico, iba tomando matices de sin sabor, pero creí que nosotros podíamos más… y ella con una ferviente fe me reafirmaba mi querer, un día decidimos cargar nuestras mochilas con cada uno de nuestros sueños e ilusione. Una madrugada decidimos salir… pero sólo con nuestras mochilas, que vaya que pesaban, pero valía la pena… nos sumergimos en un bosque y ya llevábamos horas de un caminar lento y pesado, hasta que ella decidido que debíamos dejar en el camino algunas ilusiones y otros tantos sueños, porque el peso era mucho, y con dolor asentí, continuamos nuestro andar y el hambre nos embargaba cada vez más… ahora era yo quien decidía dejar otras cuantas en el camino, me sentía sin fuerzas y no quería flaquear a medio andar, sus ojos tristes me decían: que extrañaría esos sueños… y su voz dulce me decía: no te preocupes luego volvemos por ellos… así pasaron días y noches, hasta que un día nos dimos cuenta que ya solo quedaba un mochila con algunos de nuestros sueños e ilusiones, ella ya cansada pero muy animada… dijo que tenía un plan, el único problema era que yo tenía que esperarla ahí por algún tiempo… con dolor dije que la esperaba, que no me movería de allí, nos despedimos y la amargura debía estar, y ahí me quede sentado días tras días, pero nada nuevo sucedía en aquel bosque… pasaron 3 meses y creo que unas cuantas semanas, y ella no regresaba, creo que ahí comprendí que no volvería, me dejo con esa mochila cargada y se fue… Y sólo me quedo despedirme de aquellos sueños e ilusiones, para luego enterrarlos… y con una lágrima en mi mejilla, continúe con mí andar, sin rumbo ni salida, caminar solo para olvidar….
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